La Muerte me pela la mazorca (Primera parte)

Ciudadanos del mundo:

Hoy, día de muertos, es la perfecta ocasión para reirnos un poco de los vivos. A continuación, la primera de tres entregas de calaveras literarias de mi autoría mía de mí dedicadas a algunas de las personas que me rodean.

Comencemos, pues, con Eduardo Merlos:

En la escuela aburrido estaba

el joven Eduardo Merlos,

cuando la muy condenada

vino a pararle los pelos.

-Eres la tercera que viene,

dijo el muchacho barbón,

pues no es la primera que quiere

robar mis huesos o corazón.

La Joroba llegó de inmediato,

su terreno quería reclamar,

pues su corazón se había inflamado

y rugía como un jaguar.

No faltó a la batalla

la chica que lo enamoró,

pues ella también lo amaba

y duramente lo defendió.

La Muerte, muy eficaz,

observó todo el embrollo.

Las chicas viven en paz,

y Eduardo descansa en el hoyo.

Fabiola

En la Clínica Veinticinco,

Fabiola se la encontró.

La Flaca, con un brinco,

enfrente se colocó.

-¿No ves que estoy ocupada?

No me vengas a molestar.

El trabajo me tiene atareada

y contigo no quiero pasear.

A la Muerte sorprendió la reacción

de tan valiente enfermera.

Sufrió tal decepción

que interrumpió su tarea.

La Fría quiso decirle algo,

mas no se lo permitió,

pues llegaría con retraso

a donde el doctor la envió.

– No te amargues,

le dijo Fabiola tranquila,

mejor será que te relajes.

Ya me llegará el día.

 

Lupita

Jugando con Miausi estaba

mi querida colega,

pero el aire apestaba

y venía desde afuera.

Al asomarse en el marco

vio algo que la paralizó.

Se puso blanca por el espanto

y el pelo se le erizó.

¿Quién era esa señora

que a su puerta acudía??

Una infeliz ladrona,

que se la llevó ese día.

De misterio tan cuestionable

pronto supimos la verdad:

La Calaca fue la culpable

de acabar con su suavidad.

 

 

Saldívar

Ahí estaba el conchudo,

bien echado en su sillón,

cuando llegó un tipo rudo

a ponerle un estirón.

-Conchesumadre,

gimió el desdichado,

al notar que un calambre

lo había lastimado.

Saldívar no se dio cuenta,

que no era sino la Muerte,

quien con llave de tuercas

lo golpeó tan fuerte.

De nueva cuenta,

mi amigo se distrajo.

Aquella se fue contenta

por realizar su trabajo.

Él creyó que eran guitarras

lo que sus oídos percibían,

sin saber que eran las garras

 que la vida le quitarían.

 

Jenny

Jamás la Muerte había encontrado

a una mujer tan cosquilluda.

Tampoco se había enfrentado

a una cabeza tan dura.

A los consejos de otros entes

la Calaca no hizo caso.

Es por eso que sus dientes

recogió en tantos pedazos.

-¿Es que acaso en la cabeza

tienes placas de metal?

-¿Qué no te da vergüenza

a una dama tratar tan mal?

Jenny a la Fría le mostró su suerte,

pero la otra no desistió:

después de todo, era la Muerte,

y su objetivo consiguió.

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2 Responses to La Muerte me pela la mazorca (Primera parte)

  1. Edward dice:

    jaja Muy buenas composiciones. Sólo que yo, en tu lugar, le pondría entre comillas los diálogos. 🙂

  2. Ana Rain dice:

    ¡Qué bonitooooo! Gracias Cen Panda :3

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